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Painting is silent poetry, and poetry is painting that speaks. Simonides

Irina Elén González




The artist was born in Pinar del Río, Cuba on January 14, 1978. She is a graduate of two schools of fine arts in her natal city: the Raúl Sánchez Vocational School of Arts (1992) and the Carlos Hidalgo Professional School of Visual Arts (1998). She has been listed in the Registry of Creators since 1999, and is also a member of the Brothers Saíz Association, the Cuban Cultural Resources Foundation and the National Alliance of Cuban Writers and Artists. Currently, she works as a professional artist in Pinar del Río, Cuba, and has been represented exclusively by Cernuda Arte since 2006.


In his Parábolas al viento, art critic Ramón F. Cala remarks:
Irina (…) devotes herself to perfecting her iconographic expressivity, to which she adds the employment of coloristic and figurative resources that bring to mind the Slavic pictorial tradition of the Middle Ages. The small formats and the use of manual stitching add a soft, intimate, domestic air to her works.



PROJECTS AND ILLUSTRATIONS

1998 Research collaboration for article Más ruidos que nueces, La Gaveta magazine, Santa Cruz de Tenerife, Spain: Centro del Profesorado Pub.
1998-
2003 Various illustrations, Chinchila magazine and Cauce magazine, Pinar del Río, Cuba: Cauce Press.
1999 Illustrations, El libro de las preguntas (The Book of Questions) by Miguel Ángel Morales Cruz, Pinar del Río, Cuba: Ediciones Vitral.
1999-
2005 Illustrations, Meñique magazine, Pinar del Río, Cuba: Ediciones Vitral.
2002 Illustrations for the book Flaquita (Skinny Girl) by Jesús Díaz Alonso, Pinar del Río, Cuba: Ediciones Loynaz.
2006 Illustrations for the book Historia de una media naranja by Nelson Simón, Rehilete Collection, Pinar del Río, Cuba.
2006 Illustrations for the book Cuentos a caballo (Stories on Horseback) by Enrique Pérez Díaz, Fililí Collection.
2006 Planning and execution of environmental murals in student centers, hospitals, and community centers in the village of Sandino and in the city of Pinar del Río.
2007 Illustrations for the book Antología de la literatura Pinareña infantil (Anthology of Children's Literature from Pinar del Río, Cuba) published by Editorial Cauce.

AWARDS AND HONORABLE MENTIONS

2006 Award, Primer Salón de Adquisición, awarded by UNEAC (Alliance of Cuban Writers and Artists), Pinar del Río, Cuba.
2005 Honorable Mention, 8vo. Salón Fidelio Ponce, Sandino, Pinar del Río, Cuba.
2005 Honorable Mention, Salón de artes plásticas 20 de octubre and Collateral Award granted by the Asociación Cubana de Artesanos Artistas, Provincial Center for the Fine Arts, Pinar del Río, Cuba.
2004 ACAA Award and Honorable Mention granted by UNEAC, Salón Nacional Tiburcio Lorenzo, Pinar del Río, Cuba
2003 Honorable Mention, Vigesimo Salón de artes plásticas 20 de octubre, dos décadas en el arte contemporáneo, Pinar del Rio, Cuba.
2000 Award, Taller de Manualidades, Pinar del Río, Cuba.











EL TEJIDO DE LOS SUEÑOS
Amalia Bomnin

EL TEJIDO DE LOS SUEÑOS
Por Amalina Bomnin, Especialista Principal del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales en Pinar del Río.

El discurso de las artistas mujeres en Cuba, mayoritariamente, no se ha caracterizado por un enfoque feminista. Quizás, en buena medida, por el carácter machista de nuestra sociedad, donde en muchas ocasiones las féminas son abanderadas respecto al tabú. Muchos de los planteamientos de éstas se dirigen hacia la intimidad, la cultura, lo político, lo religioso y lo social. Las menos, como es el caso de Rocío García por ejemplo, abordan cuestiones de género en su producción.
En las últimas décadas el quehacer artístico femenino ha contado con propuestas enjundiosas, sobre todo, después de la renovación que se operara en los años ochenta dentro de las artes plásticas cubanas a nivel de lenguaje, técnica, soporte y recepción de la obra. Belkys Ayón y Sandra Ramos serían algunas de las encargadas de revolucionar el grabado, Marta María Pérez lo hizo con la fotografía, Tania Bruguera tras la huella de Ana Mendieta revitalizó el performance, por mencionar ciertos nombres que han marcado el desarrollo artístico sin atender a una representatividad de género.
Irina Elén González es una joven artista que llama la atención por su manera sui-géneris de trabajar. En muchas ocasiones la han confundido con una autodidacta por la utilización de colores planos, el énfasis en la línea, y la visión "aterciopelada", y hasta cierto punto ingenua, que imprime a los lienzos. Es un mundo de ensueño el que nos quiere ofrecer, aún cuando en él estén presentes elementos agresivos que connoten angustia. Sin embargo, se las ingenia para que todo parezca suave, fresco, alucinante, como en el mundo candoroso de la niñez. No le interesan las reflexiones duras y agresivas acerca del universo femenino, porque elige sublimar los conflictos propios de la mujer trocando sus desvelos en satisfacción, sin que esto implique sometimiento.
Los comienzos de Irina se caracterizaron por el apego a un arquetipo femenino en el que la artista volcaba todas sus preocupaciones humanas y estéticas: una mujer regordeta, semejante a las de sello boteriano, con acentuados vestuarios y en franca soledad, tal vez en actitud de mofa respecto a los canonizados ideales femeninos impuestos por la Historia del Arte. Era una especie de personaje medieval (por las características arquitectónicas del espacio donde se encontraba y los ropajes) anclado en la domesticidad, que tejía, bordaba, y se autoconcebía (en ocasiones ella misma se cosía como un muñeco dentro de la composición) desde sus limitaciones, pero sin complejos. Mechones de pelo, alfileres, agujas, cintas, encajes, eran algunos elementos recurrentes en estas telas, generalmente asociados al mundo de las mujeres, y que Irina los usó tal cual, dando como resultado una obra rica en texturas e insinuaciones.
El autorretrato le servía para acentuar los deseos de redefinirse. En todos los trabajos aparecía la autora convertida en esta voluminosa mujer, en posición frontal y ocupando planos centrales dentro del cuadro. La sangre pudo asomar en los lienzos de Irina, pero sin alusiones grotescas que sorprendan o causen repulsión. Es como si fuera parte inseparable de las historias femeninas, un símbolo que remite al sacrificio y el desgarramiento. La construcción histórica que se ha hecho de la mujer a través del arte como objeto del deseo, enmarcándola, sobre todo mediante el desnudo en un ser confinado al placer y el hedonismo, es dinamitada por Irina, pero sin violencia. La domesticidad adquirida por las féminas la explota para revertirla a su favor.
Las interpretaciones de la artista siempre se han caracterizado por el uso de colores pastel u ocres. Nunca ha predominado la calidez o la estridencia cromática para referirse desde su perspectiva de mujer a problemáticas de todo tipo. Este tipo de colorido y la figuración empleada por Irina recuerdan la tradición pictórica eslava del periodo medieval, aspecto éste que junto al apego a los formatos pequeños le aportan singularidad a la propuesta.
En la medida que sus reflexiones maduran la representación de Irina va sufriendo algunos cambios. Más tarde esta mujer aparece en otros escenarios: en el mar, volando, alejada del encierro. La libertad se va experimentando de forma gradual; pareciera que la artista goza al conquistarla. Una de sus últimas series Pequeño sueño insular así lo confirma. El personaje protagónico y omnipresente sobrevuela la Isla en diferentes circunstancias. Ahora flota y se acerca más a la ficción.
Conversando con la artista sale a relucir su concepción del arte. Ante la pregunta de por qué pinta de esa manera, semejante a los artista naives, responde: "No podría pintar diferente, me gusta imaginar que el mundo puede ser así". Graduada de la Escuela Profesional de Artes Plásticas de Pinar del Río desde 1994 Irina he elegido esta línea de trabajo por considerarla afín con su concepción del mundo. No gusta del arte "explosivo", y prefiere la pintura para expresarse mediante un tono lírico.
En las primeras obras la autora se inventó un arquetipo universal y en las del presente toma como referente su propia fisonomía. Casi todos los lienzos tienen un aire nostáligo, como si constantemente extrañara esa atmósfera de paz y sosiego, a veces tan difícil de conseguir en estos tiempos. Y en cada uno va un poco de nosotros, porque Irina, bajo el velo seductor de los sueños, los convierte en algo codiciado por todos.



© Irina Elén González
Cernuda Arte

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