
Osvaldo Cantillo Rojas - Pintor Colombiano
La pintura de Osvaldo Cantillo
La ilusoria realidad de los objetos
Eduardo Márceles Daconte
La pintura de Osvaldo Cantillo se empezó a conocer en la década del ochenta con sus bodegones de frutos y objetos auténticos del folklore costeño. En ellos, combinaba de manera armoniosa los famosos sombreros vueltiaos, hamacas sanjacinteras, mochilas campesinas, sillones de montar, patillas, mangos y sus conocidos cocos de agua. Se popularizó a tal punto que muy pronto pintores de segunda y tercera categoría comenzaron de manera inescrupulosa a plagiar su temática hasta volverla un artículo de mera decoración comercial.
Desde antes, sin embargo, ya había desbrozado el camino para incursionar en una tendencia que se ajusta mejor a su espíritu creativo, un interés por investigar el potencial de la pintura como pretexto para incursionar en el gozoso ejercicio de su trabajo. Es así como comenzamos a ver esas obras que asombran por ser más realistas que la realidad. Es decir, se nutren de la realidad objetiva pero tienen una ingeniosa carga de humor y subjetividad que las ubica a medio camino entre el hiperrealismo y el arte pop.
En la tradición del arte pop, Cantillo utiliza artefactos populares y productos de consumo masivo como prendas de vestir, sombreros, frascos, gafas de sol, relojes o cámaras fotográficas, para sus composiciones con sombras, en especial femeninas, que se insinúan en el trasfondo como fantasmas de visita o figuras observadas a través de un telón que esconde púdicamente sus encantos físicos.
No obstante, cuando elimina el obstáculo que impide disfrutar de las cualidades de su modelo, se manifiesta en toda su dimensión sensual, el desnudo de una mujer que sueña sobre una roca, se sienta sobre un taburete o se deja llevar por las ilusiones de su fantasía con un paisaje marino en la distancia. Se trata de un erotismo sutil que incita a recorrer esas pieles tersas de apetitosas curvas y redondeces.
Eludiendo el facilismo que se ha entronizado entre muchos de los conceptualistas y pintores menos diestros, Cantillo ejecuta una pintura fotorrealista de minuciosa exactitud que reproduce su mundo personal con la intensidad de un iluminado.
Suelen ser autorreferenciales cuando incursiona en pinturas que retratan el respaldo de un lienzo cuyo bastidor está a la vista con catálogos y revistas de arte, pinceles o tubos de materia cromática archivados al azar. En otras, rinde emocionado homenaje a músicos con instrumentos, como Beethoven, o a pintares que admira, como en el caso de Caravaggio o Rembrandt. Sus obras despiertan la admiración de los observadores por el juego ilusionista que engaña el ojo.
En este sentido, su pintura recuerda la senda trazada por el maestro Santiago Cárdenas en tanto que ambos se interesan por crear una realidad que tiene la virtud de reproducir de manera engañosa la tridimensionalidad de los objetos.
Mirando su pintura, es fácil caer en la trampa de querer ahuyentar a una lagartija que ha saltado sobre la tela, abrir una puerta que sólo está en la imaginación del artista, o rasgar una envoltura para descubrir la pintura que se vislumbra en una esquina del huacal.
En una vertiente diferente, además de sus concidos bodegones de frutas y artefactos de nuestra tradición caribe, experimenta con figuras alargadas de indígenas distorsionados que habitan su mundo natural con las características propias de su indumentaria y sus costumbres. Es difícil evadir aquí el recuerdo
de Don Ramón del Valle Inclán, el célebre escritor español de la Generación del 98 quien se refería a sus personajes dramáticos como "esperpénticos" por cuanto se miran en espejos cóncavos y convexos. Cantillo no se limita a ellas, también evoca composiciones de pintores pretéritos para parodiar o reinventar, a la manera de los posmodernos. Una interpretación diferente delos modelos clásicos. No importa cuál sea la temática que aborda cada vez que se detiene frente a su caballete, en todas ellas es elocuente su sentido de la responsabilidad como artista que tiene la obligación de crear imágenes inéditas para asombro y beneplácito de sus admiradores.
PREMIOS
1991 Mención de Honor. 1er Salón Nacional del Bodegón. Museo Bolivariano de Santa Marta
Fuera de Concurso. Primer Salón de Jóvenes Artistas.
2008 Artista Plástico del Año - Puerto Colombia – Atlántico









